Los cálculos renales, también llamados piedras, se forman cuando sustancias que normalmente se eliminan por la orina (como calcio, oxalato, fosfatos o ácido úrico) se concentran en exceso y cristalizan.
Con el tiempo, estos cristales pueden crecer y unirse, dando lugar a pequeñas piedras que se alojan en el riñón o en las vías urinarias.
Su aparición se relaciona con factores como insuficiente ingesta de agua, dietas ricas en sal o proteínas animales, antecedentes familiares y ciertas alteraciones metabólicas.
Afectan con mayor frecuencia a hombres entre 30 y 50 años, aunque también son comunes en mujeres, especialmente en etapas posteriores de la vida. La incidencia también aumenta en climas calurosos donde se pierde mas líquido con el sudor.
Los cálculos renales pueden provocar dolor intenso en la zona. Lumbar o abdominal, conocido como cólico renal, que a menudo se irradia a la ingle.
También pueden producir sangre en la orina, náuseas, vómitos, infecciones urinarias recurrentes e incluso, si obstruyen por completo el flujo de orina, daño progresivo en el riñón.
El tratamiento varía según el tipo, tamaño y localización. Los mas pequeños se pueden eliminar con tratamiento expulsivo, pero en casos más complejos es necesaria la cirugía endoscópica.
Respondemos las dudas más comunes de nuestros pacientes para que te sientas tranquilo y bien informado antes, durante y después de tu tratamiento.
Depende del procedimiento. La mayoría se realiza con anestesia regional o sedación, de forma segura y controlada, sin necesidad de anestesia general.
En muchos casos, el ingreso es de 24 a 48 horas. Algunos procedimientos menores, como la vasectomía o la circuncisión, pueden ser ambulatorios.
Es normal presentar molestias leves. El equipo médico proporciona la medicación necesaria para que la recuperación sea cómoda y sin dolor intenso.
Depende del tipo de cirugía. Por lo general, se recomienda reposo relativo entre una y tres semanas antes de volver al trabajo o ejercicio físico.
Mantenerla limpia, sin tirones, y asegurarse de que el flujo de orina sea constante. Ante fiebre o sangrado abundante, acudir a urgencias.
Generalmente después de 3 a 4 semanas, cuando no haya dolor ni sangrado. El médico indicará el momento adecuado según la intervención realizada.
Dolor que no cede con medicación, fiebre, sangrado abundante o dificultad para orinar tras la cirugía.
Sí, siempre. El material se envía al laboratorio de anatomía patológica para confirmar el diagnóstico y orientar el tratamiento posterior.
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